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miércoles, 11 de julio de 2007

Reflexiones para un cambio (III): Un limón del siglo XVII todavía por exprimir.



La “Historia serpenta et draconi” de Aldrovandi se publicó en la primera mitad del siglo XVII. Unas décadas después, en 1657, se publica la "Historia naturalis de quadripedidus" de Jonston. En su obra “Les mots et les choses”, Michel Foucault compara ambas obras y nos cuenta cómo el avance entre ambas consistió en eliminar, en la segunda, elementos de la primera. La obra de Jonston inaugura la época del rigor científico excluyendo aspectos que consideraba la de Aldrovandi, no sólo aquellos de la fábula y la mitología, sino también algunos propios de la vida de los animales, fruto de complejas interacciones que la ciencia, en su búsqueda de la objetividad, y la consiguiente definición de los objetos, como entidades libres del ruido del mundo, ha descartado.

Dice Foucault:

"La Historia Natural encuentra su lugar en esta distancia, ahora abierta, entre las cosas y las palabras —distancia silenciosa, carente de toda sedimentación verbal y, sin embargo, articulada según los elementos de la representación, justo aquellos que podrán ser nombrados con pleno derecho. Las cosas llegan hasta las riberas del discurso porque aparecen en el hueco de la representación. "

El hueco de la representación es, ni más ni menos que el que queda entre la realidad y la Ciencia. A mi entender, hay un responsable de abrir esa brecha. La responsabilidad de esa distancia entre las palabras y las cosas recae en el empeño por la búsqueda de objetividad. El tratar a los seres complejos inseparablemente unidos entre sí e integrados en el mundo como lo que no son, es decir, como meros objetos.

¿Consistirá la tarea de la Nueva Biología en acortar la distancia entre las palabras y las cosas de la que nos habla Foucault?. ¿Habrá que incluir para ello en la consideración de la Naturaleza elementos de la fábula y la mitología?, o,… ¿tal vez será suficiente con reconocer la complejidad, fijar la meta en su descripción y estudio e incluir debidamente las relaciones particulares y sorprendentes que tienen lugar entre los seres vivos?. El limón de Aldrovandi se libró de la furia de la objetividad y por eso ofrece el brillo propio de la vida. No tiene nada que ver con una fotografía y espera ser exprimido.




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