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lunes, 3 de noviembre de 2008

El diseño inteligente (ID), producto de la ingeniería social (I, Ingsoc) del darwinismo (D)









Acabo de leer el libro titulado “Dissent over descent”, que podría traducir al español como “disidencia sobre la ascendencia”. Su autor, Steve Fuller, profesor de sociología en la Universidad de Warwick, autor de varios libros de Filosofía de la ciencia, fue testigo en el caso Kitzmiller vs. Dover Area School District (2005), un juicio que se ocupó de la enseñanza del Diseño Inteligente (ID) en las clases de ciencia en USA.
Fuller, que no es biólogo ni está particularmente bien documentado en algunos temas de biología, sigue la moda del momento e identifica en repetidas ocasiones a Darwin con la Teoría de la Evolución. Es decir, pretende hacer pasar a la Teoria de Evolución de las Especies por Selección Natural (darwinismo), por la única y verdadera Teoría de la Evolución, y esto es un grave error. Por mucho que, además de Fuller, Gould, Dawkins y toda la plana mayor del darwinismo se empeñe, sigue siendo un grave error. Aunque si, además de empeñarse todos ellos, el empeño alcanza también a sus críticos, es entonces cuando ya, casi sin lugar para más dudas, podemos afirmar que estamos perdidos. Cuestión ésta que ya he tratado en un artículo y que procuraré abordar después de escribir dos párrafos pero que, de momento, queda pendiente aquí expresada de este modo: ¿Estaremos ya perdidos sin remedio?
Parece que sí, ya que ninguno de los críticos del libro de Fuller se ha dado cuenta de su error catastrófico. Y digo parece porque supongo que, tal vez, hayan disimulado, o no hayan querido darse cuenta con el fin de mantenerse a salvo, porque criticar hoy a Darwin puede ser nefasto tanto para una carrera científica, de crítica editorial como literaria. Así Steven Rose, en su comentario del libro, publicado en The Lancet (vol 372, 9637, 437-438), pasa por alto (o elude) este importante fallo y en el mismo error cae AC Grailing quien escribe su crítica desde un medio pomposamente denominado New Humanist: the Magazine of free thinkers.
Si los darwinistas insisten tenazmente en mantener como verdad única su falsedad fundamental consistente en identificar a la Teoría de la Evolución con el darwinismo (selección natural) y sus críticos (?) apoyan esta comedia, ¿Adónde irán entonces a parar la apertura de miras y la objetividad que fundamentan la ciencia? ¿A dónde la ciencia así des-fundamentada?
A ambas, a la señora objetividad y su todavía joven hija, la ciencia, se las llevará el viento y entonces tendremos que gritar, ….¡adiós Madrid, que se queda sin gente! O,........... ¿es que acaso puede haber alguna solución? Aparte de deprimirse y llorar ante el panorama de la biología secuestrada por el darwinismo, una solución consiste en consolarse con Galileo, a quien se atribuye la frase que dice: “en cuestiones de Ciencia la autoridad de mil no vale lo que el humilde razonamiento de un solo individuo”.
Vamos, pues, adelante, con este consuelo galileano y, desde la soledad, a comentar el libro de Fuller.
La Teoria de Evolución de las Especies por Selección Natural es tautológica e indemostrable y por lo tanto no es una teoría científica. Si yo contestase a quien me pregunta: ¿Cómo han evolucionado las especies?, que las especies han evolucionado por selección natural, entonces quien me pregunta lícitamente podría quejarse de la falta de rigor científico en mi respuesta. No me cansaré de repetirlo y explicarlo. Las mejores definiciones de selección natural hacen reír al más pintado. Si se habla de Teoría de la Evolución, se está empleando el término Teoría en su sentido más amplio, significando conjunto de conocimientos en general (en este caso, acerca de la evolución) porque es ridículo pensar que una Teoría (en sentido restringido, como algo que se puede comprobar experimentalmente y refutable) puede explicar la transformación de las especies.
Si es ridículo pensar que una teoría pueda proporcionar la explicación de todos los cambios en las formas de la vida sobre la tierra, mucho más lo es pensar que todo se explica mediante la “selección natural”. Esto debería saberlo Steve Fuller. Pero no, el docto “maverick supporter of ID” y “social constructionist” (como le llama Steven Rose en su comentario publicado en The Lancet), no lo sabe. Rose tampoco. Pero entonces,…..¡Un momento!. ¿No lo saben, o,…. No será que no quieren saberlo?, porque si tiene razón Rose, y Fuller es realmente un social constructionist, un ingeniero social, a lo mejor lo que ocurre es que Fuller está construyendo la teoría del ID, o colaborando en su construcción. Si así fuese, y Fuller estuviera obrando como “construccionista” o “ingeniero social”, esto significaría que hay un objetivo social en la obra de Fuller. ¿Cuál sería dicho objetivo? ¿Para qué podría Fuller estar jugando ese doble juego tan evidente de alabar a Darwin y defender el ID? Pues hay una respuesta bien clara que aquí propongo: para respaldo y defensa del darwinismo. Lo indiqué en otra entrada: Creando enemigos ficticios, los darwinistas descansan del acecho de preguntas indiscretas (la biología contiene cuestiones demasiado insidiosas para el darwinismo, por eso la necesidad de secuestrarla) y así se mantienen fuertes con la única preocupación de controlar el mundo editorial.
Si así fuese, iríamos, poco a poco, acumulando pruebas a favor de que el creacionismo en general, y el ID en particular son construcciones de la ingeniería social de mentes darwinistas (el Partido de Orwell). Es un hecho de sobra comprobado que, en general, la realidad imita a la ficción y ya hemos dado algún ejemplo de cómo, la actualidad, imita a la novela 1984 (en ella, Orwell utiliza el término Ingsoc como acrónimo de Socialismo Inglés pero aquí me parece más adecuado usarlo como Ingeniería Social). Que nadie venga, por favor, con que el creacionismo es tan antiguo como las religiones. NO! Una cosa es creer y otra proponer, desde un punto de vista interno a la ciencia, que la fe se opone al estudio de la evolución. Muchos científicos de todas las épocas tuvieron fe y desde sus puntos de vista contribuyeron al avance de la Ciencia. En el estudio de la transformación de las especies no tiene porque ocurrir lo contrario. El creacionismo no existe, no tiene fundamento ninguno y sólo es una palabreja fruto de la Ingsoc del Partido darwinista.
Hecha esta anotación y antes de entrar en harina, hay otra curiosidad que quisiera comentar. En el índice del libro comentado (p 263) no aparece la palabra Darwin. ¿Por qué será? Es bien sencillo, las palabras Darwin, darwinism y neodarwinism aparecen un total de 305 (trescientas cinco) veces en el texto. Si tuviese que aparecer en el índice un autor (Darwin) que ha sido citado tantas veces, ocuparía toda una página o más y el resultado sería escandaloso. Ver por ejemplo la imagen para una muestra y ya me dirán si semejante estructura literaria puede o no puede responder a un discurso coherente o si su composición no tiene toda la pinta de ser un producto de diseño editorial (esta vez poco inteligente), de Ingsoc.









Un texto así escrito, es decir a base de citar a Darwin como prócer único de la evolución cientos de veces y luego rellenar los escasos huecos que queden en el papel con textos de contenido variado, tiene la ventaja de que en estos tiempos se publica bien, porque tanto las editoriales como sus propietarios son darwinistas. Creen firmemente en la importancia vital de la competición y de la selección natural, esas fuerzas naturales, siempre misteriosas y a-científicas que les han llevado hasta donde se encuentran, es decir, en todo lo alto y les interesa fomentarlas. Pero este tipo de texto tiene, por otro lado, el inconveniente de que se lee mal. La selección natural encierra estas paradojas y es que si uno se centra en competir no se da cuenta de que el que compite peor puede ser mejor observador.
Así, Fuller que puede ser un buen competidor para publicar bien y vender muchas copias de su libro, paradójicamente no se toma la molestia de explicar claramente en qué consiste la idea de diseño. Cuando lo hace, es de aquella manera, por ejemplo (p 176):
In biology, the design standpoint is captured by the idea of the “selection environment”, which is neither so rigidly nor so quantitatively defined as “frame of reference” in physics. Biologists assume that there is ultimately one selection environment –the one that has actually operated on Earth-but that its carácter is established only once certain organisms, organs or cells are observed (or inferred from the historical record) to have been selected. How then, might one characterise this selection environment?
Mención triple de selection environment, ¿Les suena? Pues sigan leyendo más adelante (p 177):
Here Darwin’s view that natural selection ultimately trumps all efforts at artificial selection rules supreme.
Mmmmmm! Vaya, vaya, con el ID y su “maverick” supporter, como le llama Steven Rose, si todo esto suena al más puro darwinismo…
El autor está más a gusto cuando habla de Filosofía que cuando se refiere a la biología. Acierta cuando explica en distintas ocasiones que la ciencia tiene un fondo filosófico. Así cuando dice (p 124):
The task of explaining natural phenomena involves much more than explaining a series of isolated evens in the World, each individually. It also involves explaining how tose events manage to hang togheter to constitute a coherent World order
Pero yerra al pensar que ID será todo aquello que no sea producto del azar y la necesidad (p 121). La realidad es más sencilla que todo eso: ID será todo aquello que sea diseñado y si no hay diseñador, no hay diseño. Para un colectivo de lectores adultos e independientes, no cabe el absurdo que Ayala mencionaba en su artículo apologético del darwinismo en PNAS el año pasado: Diseño sin diseñador.
Lo que define el ID ha de ser necesariamente la presencia de un diseñador que, como principio inspirador puede valer perfectamente, pero permanecerá imposible de probar. Las diferentes formas de la vida y sus cambios pueden perfectamente explicarse desde perspectivas religiosas, menos religiosas o ateas, cada cual será libre de elegir. Pero en ciencia, la discusión debe centrarse en aspectos de la ciencia, no de sus fundamentos filosóficos o de la inspiración metafísica de cada uno. Tales fundamentos han de permanecer abiertos y dispuestos para su libre discusión, pero en foros diferentes del puramente científico. Lo que sea el azar y la necesidad habrá que discutirlo en algún otro lugar, pero no por descubrir leyes significa que hay diseño. Para que haya diseño no basta con leyes, ha de haber un diseñador.
El libro contiene múltiples ejemplos de darwinismo (¿será cripto-darwinismo?) entre algunas otras lindezas.. Veamos algunos ejemplos:
Linnaeus was a special creationist (falso, creacionismo no podía concebirse en la época de Linneo y es una palabreja absurda y sin significado ahora, mucho menos antes). (p 62)
Impolitic though it may be to admit, to view science as an endeavour whose value surpasses that of other secular activities makes sense only if there is an overall design to nature that we are specially well equipped to fathom, even though most of it has little bearing on our day-to-day animal survival. (p 70)
Mendel shared this interest in the rationalisation of nature. It accorded well with the bold Augustinian reading of Genesis, in which the impedments posed by unruly matter force God to execute the creation in stages over six days (p 84)
Darwin elaborated for many kinds of plants and animals the specific terms under which the struggle for survival occurred in nature. Natural selection did not appear as in Spencer’s promiscuously proliferating analogies, the precursor of Daniel Dennet’s crude and bloated “panselectionism”- but as subtly emergent feature of nature that merited further empirical study. It was in this spirit that John D. Rockefeller invested millions of dollars in social and biological research; in the hope that humanity’s adaptive capacity might be at least marginally improved over the odds on offer in nature. (p 92)

Pero tiene también frases muy acertadas y así el capítulo titulado “Is there a middle ground between creation and evolution?” podría ser el más inspirado:
The ground rules of science are always being renegotiated (p110)

Ayala appears to be under the misapprehension that Darwin clarified, rather than obscured, the nature of life (116)
Darwinian evolution’s capacity for obscuring the nature of life is epitomised by Ayala’s subtitle “Design without designer” (118)

En definitiva, la lectura del libro y de sus críticas posteriores, viene a apoyar la hipótesis surgida en este blog señalando que, tanto el ID como el creacionismo son productos estratégicos del darwinismo para mantener en pie su planteamiento científico, el más erróneo de toda la historia que tiene secuestrada desde hace décadas a la biología y que consiste en la torpe idea de que la competición es base y fundamento de la vida.
Estaré encantado de discutirla

5 comentarios:

Zetetic_chick dijo...

Excelente post, profesor Cervantes.

Solo me gustaría hacer un comentario sobre el DI. Usted menciona:

"Lo que define el ID ha de ser necesariamente la presencia de un diseñador que, como principio inspirador puede valer perfectamente, pero permanecerá imposible de probar"

Según he podido leer en textos de DI, lo que define a esta hipótesis no es la existencia de un diseñador, sino la existencia del diseño (sin prejuzgar quien es el diseñador, o si son más de uno, ya que una multilplicidad de autores también es coherente con el ID).

Esto está bien explicado en este artículo:

http://www.arn.org/docs/williams/pw_purposeoflife.htm

Los que defienden esta tesis señalan que la ciencia tiene criterios para determinar cuando una determinada evidencia es o puede ser (según un cálculo de probabilidades) de origen inteligente (ej: un artefacto de la antiguedad encontrado por algún antropólogo, o la obtención por parte de los investigadores de SETI de una señal que de origen extraterrestre).

También la ciencia forense maneja criterios para pensar que un determinado hecho (ej: una muerte) fue producto artificial de una inteligencia (la del asesino, si fue un homicidio), y no producto de causas naturales (ej: un infarto).

Los defensores del ID intentan aplicar estos criterios a la naturaleza, argumentando que en la medida en que tales criterios sean satisfechos, hay razones para pensar que hay un diseño inteligente en la naturaleza.

Hasta allí llega la hipótesis del ID correctamente formulada (si alguien quiere inferir de allí que el diseñador es Dios, estaría haciendo una inferencia filosófica-teológica basada en la evidencia; pero dicha inferencia no es intrínseca de la hipótesis del ID, que se limita a formular un criterio para detectar el diseño)

Es verdad que la mayoría de los defensores del ID consideran que el diseño tiene como autoría a un diseñador (Dios), pero esto no está lógicamente implicado en la hipótesis del ID (de la misma forma que muchos darwinistas son ateos, sin que el ateísmo esté lógicamente implicado en el darwinismo, como han argumentado Michael Ruse, Alister Mcgrath y otros).

En otras palabras, se puede creer que en la naturaleza hay diseño, sin creer que su autor es Dios (ej: atribuyendo el diseño a los extraterrestres o a los ángeles, lo cual es también consistente con la hipótesis del ID).

De hecho, recientemente una periodista que entrevistó a Dawkins señaló algo que éste le comentó: "Dawkins told me that, rather than believing in God, he was more receptive to the theory that life on earth had indeed been created by a governing intelligence – but one which had resided on another planet"

http://www.spectator.co.uk/melaniephillips/2543431/is-richard-dawkins-still-evolving.thtml

La teoría según la cuál la "vida en la tierra habría sido creada por extraterrestres" es consistente con el ID, porque admite que la vida terrestre fue producto de un diseño inteligente (aun cuando se atribuya su autoría no a Dios, sino a los extraterrestres). Ciertamente, podría preguntársele a Dawkins (y a los defensores del ID) "¿quien creó a los extraterrestres?", pero eso no afecta la pertinencia de esa explicación respecto del origen de la vida en la Tierra (aunque no responda y deje en incógnita el origen de la vida en general).

Yo creo que en estos temas hay muchas confusiones. Personalmente, no acepto la tesis del ID como explicación científica, y me inclino por aceptar la propuesta naturalista de Máximo Sandín como la mejor explicación que conozco.

Pero el deseo por desmarcarnos del darwinismo (y el temor a ser acusado de "creacionista"), puede llevarnos a tergiversar el diseño inteligente, atribuyéndole conceptos, motivaciones o implicaciones que no tiene (o que no están implicados en su formulación), con lo que estamos actuando igual a los darwinistas más fanatizados.

Si queremos buscar la verdad, lo mejor sería poner todas las cartas sobre la mesa, y ser caritativos con las interpretaciones que no compartimos, tratando de formularlas y comprenderlas en su mejor versión posible.

Un cordial saludo

ZC

Emilio Cervantes dijo...

Muchas gracias por el comentario, Zetetic.

Como la entrada procede del blog Biología y Pensamiento me voy a permitir copiarlo y pegarlo como comentario a la misma en aquel blog y copiaré también esta respuesta mía con intención de mantener el debate activo en ambos foros.

Su primera puntualización es e índole puramente lingüístico y creo que no afecta en nada al contenido del post. Si hay diseño, ha de haber diseñador; el ejemplo que usted pone del campo de la criminología viene a explicarlo perfectamente y no contradice en nada lo que estaba escrito.

En otras palabras no creo haber tergiversado nada acerca del diseño inteligente. Ni tampoco haberlo malinterpretado por el momento en lo que llevo escrito. Si usted piensa que he tergiversado o malinterpretado algo le agradeceré que me indique el qué concretamente.

Precisamente la entrada está escrita con la intención que usted indica: Poner todas las cartas sobre la mesa. Si nota que falta alguna, por favor indíquemelo, si no, no sugiera que puede ser así.

Walter dijo...

¿Y quién diseñó al diseñador?

Walter

Rodolfo Pardo dijo...

muy buena entrada. La verdad excelente sin palabras!

Hernandez dijo...
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